domingo, 24 de agosto de 2014

Era muy cálido... Por Benjamìn Cardona Arango



Era muy cálido…

Benjamín Cardona Arango
Medellín, agosto 2014


¿Cómo recuerdas a Leonardo? Le pregunto a mi hija que fue amiga cercana y compañerita de los hijos de Leo y Cecilia en su edad temprana. Pasaba fines de semana con ellos. Recuerda la casa grande, con conejos, con perro y con plantas. Una casa con vida.

Y el recuerdo más vivo es del Leo cálido.  Mi recuerdo también es del amigo. 


Por eso, en el Colegio Colombo Francés, cuando descubrimos un busto en su Memoria, cantamos con voz entrecortada: “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo puede llenar la llegada de otro amigo”.


Una foto en la prensa, llevando en hombros su cuerpo sin vida, asustó a algunos familiares de los que pensaban que quien era asesinado, sobre todo si la muerte provenía del Estado o del para-Estado,  como ocurrió con Leonardo y con Héctor Abad Gómez,  ‘por algo sería’.


¡Claro, algo sería! Eran médicos dedicados a la salud pública, es decir a la salud de los excluidos, y defendían los Derechos Humanos y se manifestaban “contra la violencia en todas sus formas, contra la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades”.


La violencia patriarcal,que solo existe para mantener la dominación, no soporta tales  rebeldías. El patriarcado no soporta la Biología del Amor que reivindica Humberto Maturana, como un “reconocimiento del Otro como legítimo Otro”. 


Leonardo Betancur Taborda fue un varón amoroso. Por eso tenía fuerza para el compromiso personal. Con su amigo Orlando y con su esposa Cecilia, los tres almas gemelas, se fueron hasta el Guaviare y el Vaupés. Allí los conocimos haciendo su práctica médica entre los indígenas y los campesinos, desarraigados de sus tierras en el centro del país y llevados en aviones de la FAC, lanzados a la colonización en la selva.  



Años más tarde, iría también a la cárcel, siendo ya profesor universitario, acusado de atender médicamente a un guerrillero, y se convirtió en el médico de todos los presos en Bellavista.


“Para ser plenamente humano, el hombre necesita reanimar su femenino dentro de sí y reeducar su masculino (...)  Este femenino representa el principio de la vida, de creatividad, de receptividad, de ternura, de interioridad y de espiritualidad en el hombre y en la mujer. Se trata, por tanto, de un principio inclusivo y seminal presente en la formación de la realidad humana, afirma Leonardo Boff. La recuperación del principio femenino junto al masculino favorece una nueva integridad humana (…) El principio femenino cura y libera porque se mueve en otro paradigma y obra con otra lógica. Su paradigma básico es la vida, no el poder; el respeto y la veneración por la vida no la agresión y la dominación”.


Un tal hombre fue Leonardo.


‘Uno se muere cuando lo olvidan’, dice el refranero popular. Su temple esforzado por la paz  tiene toda la vigencia cuando se ponen al orden del día los derechos de las víctimas y la esperanza se abre al fin de la guerra.


“Cuando un amigo se va queda un tizón encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río“…


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