Era muy cálido…
Benjamín Cardona Arango
Medellín, agosto 2014
¿Cómo recuerdas a Leonardo? Le pregunto a
mi hija que fue amiga cercana y compañerita de los hijos de Leo y Cecilia en su edad
temprana. Pasaba fines de semana con ellos. Recuerda la casa grande, con
conejos, con perro y con plantas. Una casa con vida.
Y el recuerdo más vivo es del Leo
cálido. Mi recuerdo también es del
amigo.
Por eso, en el
Colegio Colombo Francés, cuando descubrimos un busto en su Memoria, cantamos
con voz entrecortada: “Cuando un amigo se va queda un espacio vacío que no lo
puede llenar la llegada de otro amigo”.
Una foto en la
prensa, llevando en hombros su cuerpo sin vida, asustó a algunos familiares de
los que pensaban que quien era asesinado, sobre todo si la muerte provenía del
Estado o del para-Estado, como ocurrió
con Leonardo y con Héctor Abad Gómez,
‘por algo sería’.
¡Claro, algo
sería! Eran médicos dedicados a la salud pública, es decir a la salud de los
excluidos, y defendían los Derechos Humanos y se manifestaban “contra la
violencia en todas sus formas, contra la pobreza, la exclusión y la falta de
oportunidades”.
La violencia
patriarcal,que solo existe para mantener la dominación, no soporta tales rebeldías. El patriarcado
no soporta la Biología
del Amor que reivindica Humberto Maturana, como un “reconocimiento del Otro
como legítimo Otro”.
Leonardo Betancur Taborda fue un
varón amoroso. Por eso tenía fuerza para el compromiso personal. Con su amigo
Orlando y con su esposa Cecilia, los tres almas gemelas, se fueron hasta el
Guaviare y el Vaupés. Allí los conocimos haciendo su práctica médica entre los
indígenas y los campesinos, desarraigados de sus tierras en el centro del país
y llevados en aviones de la FAC,
lanzados a la colonización en la selva.
Años más tarde,
iría también a la cárcel, siendo ya profesor universitario, acusado de atender
médicamente a un guerrillero, y se convirtió en el médico de todos los presos
en Bellavista.
“Para ser
plenamente humano, el hombre necesita reanimar su femenino dentro de sí y
reeducar su masculino (...) Este
femenino representa el principio de la vida, de creatividad, de receptividad,
de ternura, de interioridad y de espiritualidad en el hombre y en la mujer. Se
trata, por tanto, de un principio inclusivo y seminal presente en la formación
de la realidad humana, afirma Leonardo Boff. La recuperación del principio
femenino junto al masculino favorece una nueva integridad humana (…) El
principio femenino cura y libera porque se mueve en otro paradigma y obra con
otra lógica. Su paradigma básico es la vida, no el poder; el respeto y la
veneración por la vida no la agresión y la dominación”.
Un tal hombre fue Leonardo.
‘Uno se muere
cuando lo olvidan’, dice el refranero popular. Su temple esforzado por la paz tiene toda la vigencia cuando se ponen al
orden del día los derechos de las víctimas y la esperanza se abre al fin de la
guerra.
“Cuando un amigo se va queda un tizón
encendido que no se puede apagar ni con las aguas de un río“…

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